sábado, 21 de enero de 2017

Trocito de mi nueva novela. "De azul turquesa a verde"



     



...ahora con mi edad resulta que soy un viejo verde, así me llama por lo menos Isabel, la niña del Palmi ¡menuda calienta braguetas la niñita los cojones! Cada vez que paso hacerme un café y me atiende ella, con esos escotes que se calza y esa pinta puta que Dios le ha dado y ella realza. Me dice lo mismo, y eso que yo, tan cortés como siempre,  sólo le digo, y por lo bajito. Que el Palmi tiene un pronto muy chungo y una oreja en verdad fina. El polvo que le metía. Pero que vamos, yo, y medio pueblo.  Y por ello me dice, por lo bajito también y con una sonría de oreja a oreja. Que soy viejo verde. Por lo visto uno solo pasa a ser verde cuando es lo suficientemente viejo como para que los pellejos, como las orejas y los huevos, cuelguen y hasta balanceen. Pero cuando uno es como yo y toda la vida ha estado tan salido… ¿de qué color era antes? Yo me decantaría que azul turquesa, aunque claro, claro, no me queda. Si, para Isabel, e imagino que para otras muchas, tan solo soy un decrépito viejo verde, y la verdad, me la suda. Anda que no le vino bien a Isabel este viejo verde hará ya para dos años, cuando me la encontré por la calle bastante apurada, diría, que hasta agobiada. La calienta braguetas tendría entonces unos veinte años y por lo visto le faltaban cincuenta euros para el teléfono móvil que tanto quería. Todos sabemos que el Palmi es del puño cerrado, pero cerrado, cerrado. Vi la oportunidad y probé, le dije que yo le daba esos cincuenta euros, pero a cambio de follar. Ni se lo pensó, dijo que sí, pero como no me terminaba de fiar, me la lleve a casa, y ya allí, le solté la pasta. Y esa que hoy me tacha de viejo verde, me comió bien comida la polla antes de que la follara a lo misionero en la cama, y terminará corriéndome sobre su cara. ¡Cincuenta euros de mierda! hubiera pagado doscientos, pero eso no se lo dije jamás, ya que quién sabe cuándo podría precisar cambiar de móvil, y oye, a lo mejor. Tras aquello y después de ducharnos por separado, la baje de nuevo al pueblo...

viernes, 20 de enero de 2017

Poema 21º



En este sordo mundo, donde hasta el más tonto puede joder impunemente al vecino,
es una terapia, casi un orgasmo prolongado,
mirarles a los ojos y ponerles apellido. No voy a pedir disculpas,
ni pienso confesarme por ello, pues si todos fuesen sinceros.
Lo de dar por el culo no estaría tan mal visto, y por supuesto, ni sería dañino,
ni crearía costumbre… mucho menos, vicio,
teniendo como tenemos claro por donde no se ha de meter el dedito,
más que en aquellos casos donde el juego lo hace preciso.

miércoles, 18 de enero de 2017

Poemario ecos, de JMD Ediciones.


Ecos es un poemario donde como siempre, lo social y la realidad no faltan, pero tampoco la esperanza. 




Es un libro recomendado para amantes de la poesía, y quienes gustan en ir un poco más allá del simple hecho de leer.


Fue mi sexto libro en ver la luz en solitario, y junto al de Arrugas y Cicatrices, sin duda, lo mejor de mí... en poesía por lo menos. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Estrofa perdida.



...Manto de sombra y plata,
reflejo de desnuda esperanza,
vaho de la mañana
que despierta sobre el vidrio
de mi entornada ventana...

jueves, 5 de enero de 2017

Estrofa del poema Olas.




Mas ellas
no lo piden,
mas ellas
lo merecen,
mas en ellas,
flotan
y se sumergen
nuestras raíces.
Son del todo
el motivo
y de la nada,
el susurro
de silencio
que sin conocerlo.
Nos grita por
y para siempre,
hacía muy,
muy adentro.


miércoles, 4 de enero de 2017

El calvete, yo, y el robot de cocina.




En estos días los regalos (para oh, aquellos afortunados) corre que vuelan de aquí para allá, y de allá para aquí. ¡Coño! si hasta en casa este año ha ido a parar uno, por unas carambolas vale, pero aquí se quedó. Y nada más y nada menos, que un maravilloso robot de cocina que nos llegó sin tiquet hasta una semana después de su entrega... ya saben, por si salía averiado o queríamos cambiarlo por otra cosa, no tener problema. El paquetito venía envuelto en papel del Corte Inglés, lo que para mí personalmente siempre ha sido una garantía. Soy cliente de este establecimiento para infinidad de cosillas, como lo soy del Carrefour, o cualquier comercio local. Que también me atienden genial. El que no me mola nada de nada es el Media Markt ese del anuncio de; Yo no soy tonto... que asco anuncio. Aunque me salga algo más caro, me gustan más comprar es esos otros que ya he dicho. 

Al caso, el día que nos dan el regalo, siguiendo el procedimiento habitual para estos casos, se desgarra el papel que lo envolvía en cachines como la uña del pulgar, se desprecinta la caja y lo sacamos para verlo bien. Después de varios; -Oh, ah, oh, que chulooo, esto hace de tó, oh, ah, oh- llegaron los; -¿Ande ponemos este cacharro?, porque bancada... se nos la come toda, y esto al final, para postres solo, ya verás ya-. Y sin tocar nada, se sopesan unilateralmente los pros y contras, ya que eso hace de comer según parece para 4, que somos los de casa (descartando al chucho), pero es que yo zampo por 2, según qué, por 3. ¡Vamos! que me como a Cristo por los pies si me lo sazonan bien. Así pues, -dice la mujer- ¿y si mejor lo cambiamos por un robot de esos que barren? La verdad es que el que limpia, en casa por lo menos, le íbamos a sacar más partido, y tal cual se sacó aquel armatoste de la caja, se volvió a guardar hasta que nos llegó el tiquet de compra y fuimos a cambiar de aparato. 

Primero hicimos un alto en información, casi media hora de espera para que por fin apareciera una segunda señorita de apoyo a la que atendía (la falta de personal es más que predecible en estas fechas, coñooo, contrataaa, que hay mucha peña parada y con ganaaa). Esta simpática y coloquial mozalbeta nos hizo una especie de vale y nos mandó al mostrador de dentro (electrodomésticos Supercor), en el segundo mostrador volvimos a sacar número. El 31, iba por el 20, y ante todos los que esperábamos, dos empleados con una tranquilidad que helaba la sangre. Casi media hora más tarde aparece un chaval así como bastante  calvete. O eso, o tenia el flequillo en la nuca. Era el mismo que nos atendio el dia que compremos la aspiradora normal. Una criatura sosisima, sosisima, y muy poco dada a medir sus palabras. Y mira por donde, unos minutos más tarde, el soseras del flequillo mú para atrás grita nuestro número. -Si, yo- dije. 

Tras explicarle al chaval que aquello era un regalo, pero que queríamos cambiarlo por uno robot de los que barren. Saco el nuestro de la caja, y como el mejor agente del CSI, pero sin lupa ni ná de ná. Empezó a escudriñar el robot de cocina para terminar concluyendo que había sido usado porque el aparatito donde se cocina, llevaba migas, y que en una especie de canasto de plástico que llevaba aquello, tenía residuos de agua. Yo y la mujer flipabamos ¿migas, agua? y por más que lo repasamos... agua no vimos, y a lo que él llamaba migas, para mí era como una especie de arenilla o polvo. Le dijimos que eso era imposible (porque lo era), ya que nosotros no lo habíamos gastado. El calvete, más tieso que un ajo porro y en plan "A mí, a mí me la vais a meter" muy prepotentemente nos dijo que eso estaba usado y no nos lo cambiaba. A mí, de toda la vida del señor, hablándome bien se me lleva al huerto ¿pero a malas? ay ayyy ¿a malas? me como al calvete, a su jefe, y a tó bicho viviente que tenga los huevos suficientes para llamarme mentiroso cuando lo que digo es verdad. 

Me llevé las manos pegadas por las palmas, así como si fuera a rezar a pie de cama, hasta cerca de la boca. No se porque hice aquel movimiento, no recuerdo haberlo hecho nunca, y le dije al soseras que tenía al otro lado del mostrador, que no me quería enfadar. Esto se lo dije ya con el culo prietito para controlar la mala ostia que me empezaba a bullir, y mirándole a los ojos. Yo soy muy de mirar a los ojos. El chavalote se puso coloraó en un ná. Cosa que no entiendo porque fue él quien forzó esa situación al dar por sentado que íbamos a engañarle. Imagino que tratarán de metersela a diario. Vale, y que estarán a la que salta. Bien, pero si estás cara al publico, y seguro al 100% no estas, porque no puedes estarlo... se humilde, habla de otra manera, evita esa cara entre a chulo feria y entierro, y sobre todo, fijate en los gestos del que tienes enfrente. El chaval salió escopeteaó  a llamar a su jefe, dejándome con un cabreo del 23. Cómo sería el cabreo, que la mujer hubo de llamarle al orden varias veces, y otro de los que atendian, no dejaba de mirarme de reojillo tragando saliva, muy posiblemente diciendose a si mismo -de la que me he librado-, el del flequillo en la nuca volvió al poco y nos dijo que había hablado con su jefe y no autorizaba el cambio porque la máquina estaba usada. Y otra vez con el R que R. A esas alturas yo tenía toda la sangre en la cabeza y las tripas me pedían guerra, con gusto, y así se lo hice saber. Yo perdía el regalo, pero pieza por pieza se lo metia por el culo, a él o a su jefe. El calvete trago saliva, seguía  rojo. Por el ligero movimiento de su mandíbula inferior, creo que si le grito un UUU bien fuerte, hubiera roto a llorar. Le pedí hablar con su jefe, y lo llamó, no sin antes, y es que el orgullo es mú tonto, decir que cambiarlo no nos lo  iba a cambiar aunque su jefe viniera hablar con nosotros. El comentario, para mí y la mujer, estuvo de más, y a mí en concreto me dejo con unas ganas locas de cogerlo por la pechera, ya que por el pelo, imposible. Y decirle dos cosillas... bendita paciencia la que tuve en ese momento. 

Al poco apareció el jefe del otro, llegó medio arrastrando los pies casi como el sheriff del oeste, y  con cara de; -A ver qué milonga me cuentan estos desgraciados-, y eso me tocó la fibra. Si llego a ir solo en lugar de con la mujer, terminó en comisaría por hacer tragarse la corbata a alguien. Doy fe, de que eso es así. Pero para sarcástico el uno, sarcástico el otro. Le conté la versión mía, y la que ya sabía, que era la que le había contado el chavete soseras, y como el soseras parecía un experto en criminalística, les invité a que sacaran el aparatito ese al que te enchufan para saber si mientes o no, y que nos interrogaran a la mujer y a mi. A ver, a ver si era verdad o no lo que decíamos. Para guasa total, el jefecillo me pregunta sobre qué empleado nos ha atendido. Estuve tentado de decirle algo así como;.- A ver, idiota, ¿cual nos va a atender? pos el que te ha llamado dos veces, que mejor que yo, sabrás tú el nombre ¿no?- pero los ojos de la mujer me echaron para atrás y le dije algo así como el de gris. El de la corbata, que a lo mejor era la culpable de que su riego no fuera el adecuado y por ello la soplapollez de la preguntita. Llamo al calvete y le dijo que nos devolviera el importe... a ver, que no, que nosotros no queríamos el dinero, lo que queríamos era el robot que barre y que valía lo mismito. Pero en fin. Fue un placer ver al calvete, rojo como un pimiento, comerse su comentario mientras nos daba el dinerito, y ya que estábamos y nos tocaba por número, con ninguna gana, eso es verdad. Nos atendió y terminemos gastandonos todas las perras que nos habían devuelto, en otra cosa, que era la idea desde el principio. 

Pese lo desagradable del tema, porque que te tachen de mentiroso cuando vas con la verdad por delante, jode, y jode mucho. Seguire comprando antes en este establecimiento, que en el otro del anuncio gilipollas. Eso sí, aunque tenga que esperar una miaja más, trataré de que me atienda alguien con ganas e ilusión, le empiece donde le empiece el flequillo. 

domingo, 1 de enero de 2017

Mis dos alas.







Chillo,
grito,
maldigo.
Brisa,
viento,
aire,
susurro,
suspiro.
Recuerdo,
reflejo,
alma,
luna,
noche,
bruma,
esperanza,
cariño.
Y él,
el miedo,
desnudo
y extremo,
que como
padre,
cobarde
y mil
veces
mendigo,
hizo de mí
nada y
de ellas,
todo por
lo que siento,
respiro
y vivo.





A mis hijas.