martes, 23 de agosto de 2016

Migas.




A pequeñas y duras
migas de harina
de su vieja mano temblorosa,
los gorriones
temprano se alimentan
ignorantes
de aquello que representan.
Sus peleas, su canto,
el olor a pluma.
Brotes de recuerdo
para un anciano ciego,
que de amor
primaveras volcó,
donde ave tan pequeña
es de toda una vida,
lo que le queda
de un sentir vago,
que a poquitos
palpita muy bajo.

lunes, 22 de agosto de 2016

Confesiones.






Bajo la sombra untada de pesadilla
sangra el sueño que se tiñe de angustia.
Aferrada y dolida,
rasga la vida en el recuerdo de soledades fallecidas,
y es allí, con el amanecer de cada día,
donde me dejo morir sin envidia.


Argumentado excusas ridículas,
ataco la inocencia de tierra y cielo,
asesinando con mis propias manos
lo que como ignorante desconozco
y cobarde temo.

Sin lugar al razonamiento,
sin fe al destino,
cansado de mis propios suspiros
y aquel solitario camino.


Mentiroso de mi pasado lejano,
ando en la fina cuerda de alientos arrancados.
Mártir de circunstancias,
me sigo arropando en lo que pudo ser y no luche,
pudriéndome en ese arrepentimiento que no libere.





sábado, 20 de agosto de 2016

En lugar de turrón...






Cuando a Manolo le llamaron para trabajar después de un año parado, casi se le saltan las lágrimas. Llamó a la mujer que en esos momentos limpiaba en una casa particular (sin contrato ni nada de nada) luego llamó a sus padres y, por último, a sus hermanos y cuñado.

A la hora acordada se presentó en la oficina de la empresa para recoger el uniforme, empezaba esa misma noche y todo iba como un poco precipitado. -¿En qué puedo ayudarlo?- preguntó la recepcionista.

-Me han llamado para que pase a por la ropa de trabajo, empiezo esta misma noche.

La administrativa llamó por teléfono a alguien y un chaval escueto y de aspecto moderno salió por la puerta del fondo. -¿Tallas?- pregunto.

Manolo no lo tenía claro, por lo normal se encargaba su mujer de esas cosillas. –Si no me lo pruebo, ni idea, lo siento- el chaval escueto y moderno torció el morro, por lo visto dejar que Manolo se probase la ropa le causaba estrés.

-Está bien- dijo tras unos eternos segundos con el morro retorcido sobre sí mismo –pase por ahí- y señaló una pequeña puerta a un lado del mostrador.

Manolo le siguió hasta una especie de almacén en la parte trasera y, el joven empezó a darle ropa para que comenzar a probársela. -¡Coño!- salió a Manolo del alma –esta ropa tiene vida propia- añadió al ver la de mugre acumulada que tenía todo aquello que el otro le pasaba.

-En llegar a tu casa la lavas- respondió el otro.

-¡Ya! y al servicio me voy en pijama.

El “simpático” levantó los hombros y dejó cerrada la boca sin dirigirle ni la mirada. Con aquel uniforme que olía entre a culo y a muerto, empezó el ilusionado Manolo su tormento.

A las tres semanas y pico, Manolo saco una vida laboral y casi se desmaya, estaba haciendo jornadas de doce horas diarias, solo descansaba un día por semana, y su contrato era tan solo de 60 horas al mes. Llamó a su jefe directo y este le dijo que eso era lo que había, que el mismo, pero si quería trabajar… junto la rabia e impotencia se trago la poquita dignidad e ilusión que le quedaban. –¿Una empresa buena?...una mierda- se decía hacia adentro. Al fin y al cabo no tenía nada mejor y aquello era para un par de meses con mucha suerte.

Hablando con los compañeros se fue enterando de lo que era aquello, una gran empresa cara a la parroquia, pero a sus espaldas, miseria y más miseria. Pero para los que trabajaban, ya que la empresa si cobraba bien sus trabajos. Nadie denunciaba por evitar perder el trabajo, no había comité de empresa por miedo, los derechos allí eran como un eco, que se escucha, pero nadie sabe de dónde, el cómo o porqué.

-Así se hacen algunos de dinero, exprimiendo al desgraciado ¿y para esto tanta democracia? Menudos miserables peseteros de mierda- dijo el suegro de Manolo cuando la hija le contó.

-¿Y qué vamos hacer?- añadió ella resignada.

-Por ese, “qué vamos hacer”, estamos como estamos.

-¡Ya! Pero como nadie se tiran para adelante…

-A todos ponen el culo rojo- corto el suegro de Manolo a su hija –hemos pasado una guerra, una posguerra, hambre y mucha miseria, por tener unos derechos. Y ahora, escudados en una crisis que solo la sufren los de siempre, algunos empresarios boceras, los del género hijoputa, se escudan y aprovechan en iguales porcentajes para que esos con miedo al desahucio e incluso al hambre, sigan haciéndoles ricos e importantes-

Cuando Manolo, junto otros dos trabajadores nuevos, sacaron las castañas del fuego en aquella navidad a su empresa, esta les dio la patadita y lo primero que les pidió, si querían cobrar, era su mugrienta ropa.

-Más vale un poco de algo que un mucho de nada- dijo Manolo a su idealista suegro.

- hijo … ¿pero así, qué futuro os espera?

-Ninguno, pero la lucha de uno solo no sirve de nada, tendría la guerra perdida de antemano.

-Sin muertos que hagan remover las entrañas, no queda más que depilarse el ano. Y no me malinterpretes, que no te critico, pero  sentenció.

Más razón que un bendito tenía su suegro, que más por viejo que por pillo, sabía un rato largo de lo que hablaba, pues fue uno de los que luchó desde los sindicatos cuando estos valían para algo.

Hoy, Nochebuena de 2015, cuando la historia de Manolo me reconcome, me lleno de rabia al mirar de un lado a otro y ver cómo la gente da gracias por tener una mierda de sueldo por el que se dejan la piel y la espalda. Me doy cuenta que he perdido la fe, no en nuestros políticos, ni en los empresarios. La he perdido en las personas en general, en las buenas y en las malas, en las que gritan y en las que hablan, en las que callan y otorgan, y en las que gruñen y señalan.

Somos una especie despreciable y autodestructiva para consigo misma, y totalmente domada para el uso y disfrute de algunos especímenes, como por ejemplo, los jefes de Manolo.









jueves, 18 de agosto de 2016

Personas especiales.

En la vida, en muy contadas ocasiones, nos encontramos con personas muy especiales, solo es cuestión de no cerrarse más que a la clara idiotez, venga de donde venga y tome la forma que tome, para tener la fortuna de dar con ellas.

Yo, aparte de esas personas especiales que me acompañan desde mi inmadurez, y gracias a mi afición a la cultura en general, he tenido la fortuna de encontrarme con muchas otras a las que guardo en muchísima estima, la pena, es que en muchas ocasiones las conocemos cuando casi ya se iban, por lo normal, de manera injusta. Y digo pena, porque asi lo siento muy muy dentro, al carecer de ese tan valioso tiempo para que los ratos en su compañía, aunque siempre sabrán a poco, dejarán un recuerdo más firme, ya que de todos es sabido que estos, con la memoria del tiempo, se van difuminando. 

Esta semana he tenido la desgracia, pero también el placer, de despedir a una de esas grandes personas, y digo lo de placer, por la oportunidad que tuve de poderle conocer y, los muchos ratos pasados con él, tratando temas tan dispares como la forja de las espadas en la antigüedad, las mil batallas en las que los españoles nos comimos al enemigo, el buen culito de tantísimas señoras y señoritas o, lo bien que suenan ciertos versos. Me refiero a Manuel Vicente Segarra Berenguer. Aparte de amigo, genial tipo, periodista, novelista, guionista, actor ocasional, director de teatro, magnífico tertuliano y toda una memoria con dos patitas entre a pollito y legionario. 


Aun cuando no lo parecía, era un gran seductor, es lo que tiene tener talento y un piquito de oro, y este seductor, muy amigo de sus amigos y admirador de su familia, traviesito y porque no, romanticón y emotivo. Escribió varias obras , para mi, hasta alguna maestra. "Acero del rey", "Cruces de seda", "La reina imposible", ¡Amor!, ¿los cojones amor?", "Jinetes al amanecer" o "La princesa de las sandalias".




Querido Manolo, al final no me has podido presentar como querías "Héroes de Nayaf" y por eso, no lo pienso presentar jamás, era o tú, o nadie, así pues....







No me quiero enrollar, como tú dirías, no me sale de la gana. La amistad que teníamos es ahora solo mia, llamame allá donde andes egoísta jejejeje pero es lo que hay, y si no, no haberte ido pedazo de cabrón.





Pese lo que la peña pueda pensar, no soy aquí yo el grande, si no el pequeñito, el muy, muy pequeñito. 





Hasta siempre Manolo, y por favor, cuando te hagas a aquello, vete buscando un buen sitio para que conforme vayamos llegando, podamos hacernos esos cafelitos, tú con  un vasito de agua, y yo por lo menos, con un cubito de hielo, mientras nos ponemos al dia sobre como anda por aqui la peña, si van presentando cosillas, si la feria sigue en danza o si por fin a la clase política le ha entrado el conocimiento. 

¡Ah! un saludo para el Sr. Lope de Vega y otro para D. Calderón de la Barca.







En un día, este,
que despierta azotando con sol, viento,
y un amargor que se hace cuerpo.
Mi sudor es hielo sin la esperanza que se arma de fuego.
Las letras, andan de luto riguroso,
su voz viste de recuerdo.
Como el café de sabor intenso, el olor a tabaco negro
y, sus historias de cotidiano sustento.
Aquí D. Manuel,
aquí, me despido de usted, cabreado por su osadía
al dejar cojo el corrillo en torno la mesita
donde jamás será ya la tertulia,
ese grato ratito de limadas risas y sabios consejos,
que solo el tiempo hizo buenos en este,
mi dolorido cuerpo.


Descanse en paz, mi buen amigo.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Sublime.




   

Maraña de acordes,
mis sentidos roba la brisa del sueño que rompe.
suena la guitarra,
luce la morena sus alas,
cuelga su cabello en mi almohada,
llanto, que me aleja de cada madrugada.


Maraña de acordes,
su recuerdo me traslada al encanto que se dibuja,
sobre la partitura que me grita,
sobre el latir de que me fustiga.
Maraña de acordes, gustos, olores,
mi pensamiento, ávido y escurridizo,
se aleja como la sangre que se derrama sin ser escuchada.


Maraña de acordes sin esperanza,  
de besos sin una sola lagrima, 
huidas y traiciones espontáneas.
Maraña de disculpadas enmudecidas bajo sombra y  luna.
Sublime,
se presenta la música que me araña,
que me desnuda de ira,
que me descalza las palabras.


Maraña, acordes, magia,
la noche me presenta su manto de estrella bordada, 
camino de tiempos
cálidos y fríos
donde la guitarra escribió sobre mis los suspiros.
De lo poco, de lo bueno, 
que mi carne y hombría
pinta de negra tinta,
en ese momento sublime que me inspira.







sábado, 13 de agosto de 2016

Oro en mi recuerdo.



Guardaré como oro
en paño tu memoria
hasta ese día en el que yo
también muera.
Tanto hemos dicho
y tanto nos quedó por decir,
que más que pena rabia
dejas en mí.


Contados con los dedos
mis amigos restan mucho,
cuando la vida ha decidido
rendirte la carne.
¡Pero ve tranquilo!
que tu alma hecha recuerdo
queda en esta tierra
tan amada nuestra.


Con lo bueno y lo malo
porque aun cuando no lo crean,
has sido humano.
Sabes cuánta fue
y es la admiración,
que aparte de amistad,
te he procesado sin verme
obligado más que a ser tal cual.


Con aquellos infinitos
personajes del siglo de oro
a los que hoy conocerás,
te imagino abrazado
para en largas charlas, soñar,
como en esta vida que se te arranca
hicimos mil tardes
con su mañana,
de la cafetería al bar.


¡Y me cago en la puta,
en la virgen y todo lo demás!
Cuando a mi amigo
de ratos y tertulia
la parca viene a llevar,
dejando vacío un tanto
que hago mío
e infinito que dejo al resto,
sin la cortesía de preguntar.


¡Algún día señor mío!
algún día nos volveremos
a encontrar,
aunque tenga que emerger
del infierno al paraíso
en contra de la muerte
que me hunda en su más allá,
para hacernos ese café
que dejaste enfriar.


Allá donde andes
compañero mío,
allá donde estés,
¡juro por mi tierra!
que nos volveremos a ver.
Pues hay pendiente
un abrazo y cien
risas encerradas,
que prometo,
hasta llegar a ti,
dejar guardadas.



…y lo prometido, como lo jurado, es para mí deuda.


Dedicado a Manuel Vicente Segarra Berenguer. Amigo, escritor, director de teatro, periodista... pero sobre todo, amigo.