jueves, 22 de septiembre de 2016

Suicidio colectivo.






Andan cuan caracoles sin cáscara,
por esas enormes avenidas
que se llenan de vacíos y rebosan olvido.
Caminan tan despacio que la vida les adelanta
sin que la muerte repare en ello.
Dicen, que jamás llorarán sus ojos
y que nunca reirán sus huesos,
cuentan, que como sombras corretean
y como ratas trasnochadas alardean.

Tanto comentar y tanto decir,
pudre sobre mis manos lo poco que salvó aquel recuerdo,
que sin quererlo me gritó, tal vez, tratando de despertar
la carne que hoy, ¡ahora!, ni padece ni se quiere,
y allí, junto un muro y frente un pelotón.
Corrupción, corrupción, y más, y más corrupción,
dejan al pueblo cargado de opiniones sin voz.

Y vomitando en cada esquina
la más absurda mansedumbre,
veo como se nos sodomiza sin que nadie pise la calle,
grite o se señale… veo y escucho, y como yo, nadie.
Prometen y creemos con el corazón roto y los ojos abiertos,
que la justicia para ellos y nosotros es la misma,
pero son sus bolsillos los que se llenan y las cárceles siguen vacías,
como vacías de futuro andan las calaveras de nuestros hijos,
…y si no hacemos nada, andarán la de los nietos.

Si nos dieran un legón, un pico o una azada,
sabríamos sacar partido aporreando la tierra
que no tiene culpa de nada, mientras, ellos,
miserables embusteros, continuarán contando
cuentos de risa y de miedo, para cuan dóciles borregos,
tenernos yertos y calmos mamando la raíz de su desprecio. 









martes, 20 de septiembre de 2016

Entre mis labios.






Ya ha empezado 
su cuenta atrás
ese grotesco 
sufrimiento.
Desdicha desnuda, 
la que de minutos funestos
erosiona los pilares
que en mi carne 
se hacen vida.
Vibra la impertinencia 
de mi razón,
confusa de idas sin regresos, 
de pensamientos,
que en la añoranza 
de un falso respeto
se pudrieron 
entre mis dedos.

Y me pregunto, 
aún sobre este 
negro mundo,
-universo de universos 
dicen algunos-.
Cuál de todos,
fue realidad 
entre mis labios.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Vistiendo mañanas.






Dispuesto a olvidarte
cierro el alma
cuando un miedo cobarde
corretea ya mis lágrimas.

El reflejo de tu recuerdo
llaga mi cuerpo,
y pese convencerme,
no comprendo ni te alejó
lo suficiente.

Pasan los días sin que alivie
mi carne su carga,
una misma cara,
idéntico sonido,
la flor del alba se desplaza
y, la vida,
se transforma en pérdida batalla.

De cera son mis lágrimas,
de agua mi sangre liviana,
de tristezas, visten las mañanas.




martes, 13 de septiembre de 2016

Antes éramos más duros.




Los críos de mi quinta para abajo éramos mucho más duros que los de la actualidad... a nosotros no nos llevaban las mamás una botella de agua para todos los lados, y eso, que nos metíamos entre pecho y espalda cada flauta de pan pan, que hoy acojonaria hasta los que van al insti. ¡Ojo! Y sin arcadas ni atragantarnos. Si, éramos duros de la leche.

sábado, 10 de septiembre de 2016

La garrapata.




En la presentación del sexto libro de una amiga, ha llamado mi atención una cuarentona de amplios mofletes sonrosados e incorruptible sonrisa, era como el malote en Batman con algo de sobre dosis de buñuelos y magdalenas en vena. El caso es que aquella mujer no quitaba ojo a cuento allí se cocía. -¿Quién es esa?- he preguntado a la hermana de la autora.

-Ni puñetera idea ¿te gusta?
-Ni de mascota.
-¿Entonces?
-No sé, la veo tan entregada.

Cuando ha terminado la presentación y se ha pasado a la firma de libros, la mayoría de la gente ha empezado a levantarse, unos se han ido y los más solidarios se han quedado y han comprado el libro. La única en salirse del papel ha sido aquella mujer, que sacándose una camarita de fotos de esas pequeñitas ha empezado a moverse con ella y no creo hayamos escapado ni uno a su objetivo.

-¿Seguro que no la conocéis?- he vuelto a preguntar a la hermana de la autora.
-Yo no, y no me suena de nada. Di la verdad ¿te ha gustado, a que si?
-Ya te he dicho que ni como carne para el guisado de mis canes.

Cuando ya no había más gente en la cola, el bicho…perdón, perdón, la señora de los mofletes, la sonrisa y la camarita, se ha acercado a mi amiga la escritora y sin cortarse un pelo ha tomado asiento junto a ella hasta que pasada una larga media hora, hemos tenido que intervenir a ver si así la soltaba y podíamos irnos a cenar, a todo eso, la otra sin comprar el libro.

-¿Quién es esa?- ha preguntado su hermana mirándome con una pícara sonrisa.
-Ni idea, dice que es poeta, pero lo que sin duda es, es una plasta de mucho cuidado.

Su hermana y yo nos hemos mirado en plan -¿Cómo, perdón?- y ella ha explicado que lo primero que le ha dicho la otra nada más presentarse, es su seudónimo y que es poeta, que no tiene nada publicado, pero si miles de versos escritos.

-¿Entonces, lo del seudónimo?- le ha preguntado lógicamente extrañada.
-Que no lo tenga no quiere decir que no lo sea, poeta me siento desde que tengo memoria.
-Que  mujer, que sí, que me parece la hostia de bien, pero ¿lo del seudónimo?
-Para cuando me publiquen, porque antes o después me publicaran, algún editor me descubrirá y apostara por mí.
-Pues que tengas suerte, porque hija, hoy, como no salgas por televisión o se la hayas chupado a sabe Dios… me da que publicarte pasara por que te rasques el bolsillo si o si.
-No, eso nunca me pasara a mí.
-¡Ah! ¿Qué se la piensas chupar a alguien?- mi amiga tiene muy mala idea y se corta de poco a nada. -¿Y sabéis que me ha respondido la muy petarda?- su hermana y yo asentimos negativamente con la cabeza. –Que no hará falta ni meterse nada en la boca, ni sacar la lengua, porque algo en su interior le dice que sus palabras se publicaran algún día para dejar al universo la bondad de su pensamiento… ¡manda narices! Qué cosa más idiota de tía-

Lo que son las cosas, en la cena, aquella poeta desconocida resultó ser el unció motivo de conversación. Susi, la hermana de la escritora, era de la opinión de que aquella mujer tan solo estaba muy sola y su mente atrofiada vivía en una realidad paralela. Por otro lado, su hermana insistía en que no, que era una pobre idiota con afán desmedido de autoestima, y yo, más comedido que las hermanas, solo veía a una mujer ilusionada y con el ego un tantico disparado.

-¿Bueno, sabes cómo se llama, donde se puede leer algo de ella?- pregunte, ya que a lo mejor es buena de la leche y estábamos hablando sin saber.
-No, ni idea, la verdad es que le he hecho caso cero.
-Menuda eres con tus fans ¡anda que si!- añadí.
-¿Fan? no compro el libro y estoy segura que no se ha leído ni uno de los míos, esa estaba allí por respirar el ambiente y muy posiblemente por conocer a mi editor ¡menuda garrapata!

Lo de garrapata nos llegó a los tres y desde entonces así la definiríamos cada vez que saliera a la palestra aquella poeta.

-¡Espera!- dijo de repente -como se llama no me acuerdo, pero su seudónimo es “Croa”, lo ha repetido tanto que veremos si no lo arrastro como un mensaje subliminar el resto de mi existencia.

A los pocos días, yo, que soy de aceptar a cualquiera por facebook, acepte la amistad de aquella mujer engañado por una foto de perfil que escondía una penosa realidad tras el blanco y negro de años pasados, sin duda para ella, mejores años todos aquellos, los pasados. Al principio no repare en ella, pero no tarde mucho en ello ya que era de las que inundan las redes con opiniones profundas, casi metafísicas, la mayoría copiadas y pegadas, pero la intención era la misma, parecer culta.

En todas sus apariciones en facebook se hacía llamar poeta como yo podría haberme hecho llamar el Cid, Napoleón o el gran fornicador. No sé de dónde sacaba el tiempo, pero no se perdía un evento cultural por truño que fuese, sobre todo si era gratis y tras el mismo había pitanza o se esperaba la presencia de alguna persona relevante con la que hacerse una foto por sorpresa o a traición, para colgarla más tarde en las redes con frases del tipo –que buen ratito hemos pasado, ha sido un placer que espero repitamos pronto- y ahí queda eso para que cada cual piense lo que quiera.  

A los pocos días observé que tenía como amigos a la mitad de los míos, curiosamente, todos los que tenían algo que ver con la cultura o la prensa, empecé a sospechar que era un parásito social y que lo de garrapata le iba como anillo al dedo.  Lleno de curiosidad mande un privado a varios de esos amigos que ahora compartimos y todos me dijeron lo mismo, no la conocían de nada, pero como me tenía a mi entre sus amistades la aceptaron.

El caso de Luis, uno de esos amigos ahora compartidos, fue muy curioso, colgó un poema en su muro y la garrapata le hizo un comentario. –Muy tierno, yo a lo primero escribía así, sigue escribiendo y algún día puede que te publiquen- ¡casi na la profesional! aquí quedó claro que esa pobre mujer muy lista no era, ya que Luis, lo sabe medio mundo, tiene publicados unos cinco poemarios, y a sus espaldas, varios premios literarios. Al responder este con varias caritas sonrientes y; –del primero que me publicaron hace ya doce años, del segundo ocho, del tercero seis y no recuerdo de los otros cuanto- la garrapata borró rápidamente su comentario, y Luis, para aquella mujer, paso de un aspirante a poeta a uno consagrado y la hostia de bueno. Desde ese momento no dejo de alabarle y piropearle públicamente, lo que demuestra que aparte de poco lista, criterio ninguno.

Que Luis colgaba un poema, la otra lo compartía, que colgaba una opinión, la otra la compartía, que ponía música, la otra también. Estuvo tan encima del aquel pobre que al final logró llegar hasta él y meterse en el grupo literario al que Luis pertenecía y con el que religiosamente cada semana se reunía.

A las seis citas con la garrapata presente ya no la tragaba ni uno solo de sus muchos componentes, y lo triste es que ella lo sabía, pero con tal de figurar entre ellos se tragaba sus comentarios y miradas asesinas reseteando su cerebro para ver en todo aquello una especie de envidia o mala quina hacia su mayor talento e intelecto. Cuando me lo comentó Luis, no podía creérmelo.

 -¡Esa tía es tonta!
-Tres veces.
-¿Cómo?
-Tonta, tonta, tonta, y menuda espalda se gasta.
-Sí, de eso doy fe, soy largo y no creo que pudiera abrazarla.
-No iba yo por ahí.
-Lo sé, pero me lo has dejado a huevo, y claro.

Luis asintió cerrando los ojos y continúo hablando. -La tía llega a la cafetería donde nos juntamos para las tertulias literarias, se sienta, se pide unas patatas con ajo y una cerveza bien fría, y se pone fina a tragar con su mejor sonrisa, haciendo al resto, pese saber que no la tragamos, la pelota de manera indiscriminada. Muchos la han tenido que bloquear por facebook cansados de tanto soy Croa, poeta. Y qué bonito es el universo, que bellas las palabras y mi pensamiento.

-¿Que friki no?
-Peor Lucas, peor.
¡Ah! que no lo había dicho, me llamo Lucas, y la garrapata Eleonor. Me lo ha dicho Luis, pero lo de garrapata le va mejor.
-¡Ah!- dijo Luis cuando ya se iba volviéndose hacia  frotándose con una mano el mentón –fíjate a qué punto llega el asco de la gente hacia esta tipeja, que José, el escritor digamos gamberrete del grupo, propuso la idea de que cada uno escribiéramos un ejemplo de cómo la veíamos, el que mejor ejemplo diera ganaba la consumición en la próxima reunión del grupo, y lo ganó el mismo que propuso el juego.
-¿Y qué ejemplo dio?
-La comparó con un peo.
-¡No jodas! Jejejeje…
-Sí, sí, pero espera, espera, te cuento su explicación textual ya que fue la sensación, dijo él; Yo la veo como a un peo, pero no uno cualquiera de esos que al levantarte por la mañana te lo notas revolotear arriba y abajo por las tripas como una mariposa nerviosa hasta que por fin, como una pompita de jabón, explota al darse de frente con el exterior. No, ella es más como ese otro que te pilla a media tarde en cualquier lugar y casi siempre acompañado, ese, que sabes que viene con ganas por lo que aprietas culo y entrañas, pero no por impedirle escapar, sabes que eso es imposible y al final será libre- Luis me tenia completamente enganchado a la historia -aprietas todo aquello para que el reventón sea discretito, y a muchos pocos, relajando el esfínter y algo las nalgas, vas dejando que escape notando como araña. Lo logras, pero no sin problemática, ya que sabes que ha dejado algo en la puerta que no debería estar donde está. Es caliente, entre seco y a la vez húmedo, andas y te molesta por lo que abres de más las piernas. Es una especie de escozor extraño y ni puedes limpiarte ni hacer algo por calmarlo, muy disimuladamente te metes las manos en los bolsillos traseros del pantalón y separas las nalgas para ver si así… pero nada, vuelves a caminar y allí está otra vez esa especie de ardor anal- ya hacía rato que las lágrimas me brotaban de la risa con tan detallada comparación.
-Que caña el tal José ¿no?
-Sí, es un prodigio en lo suyo.
-Entonces la tal Eleonor es como un peo de esos que dejan rastro.
-Exacto, tanto físico como sicológico.
-Elocuente y grandioso ejemplo.
-Lo es si, es que José es mucho José.

El tal José es y será genial, no seré yo quien diga lo contrario, pero nada comparado con aquella garrapata de mofletes anchos, aquel parásito social adicto según parece a las patatas con ajo, que hasta a mí, un tipo bastante normalito, ha robado… no el corazón, pero si el aliento, y porque no, un cachito de imaginación.

jueves, 8 de septiembre de 2016

...


Sin prohibición ni dedo acusador,
sin tierra, cielo o infierno… sin lágrimas o miedo.
Chocan entre sí cuerpos de presente repletos.
Y yo, que deambulo sobre mí mismo 
entre soledades y un aparente destierro,
no logro comprender, lo que aún hoy veo.



viernes, 2 de septiembre de 2016

Parásitos motorizados.






Aparte de la gente normal,
hasta donde se puede llegar a entender lo de normal.
En los autobuses urbanos
se distinguen tres subespecies concretas y definidas de humanos.
El jubilado sin amigos, el chaval de pocas luces,
y la dama necesita de atenciones.
Todos ellos piezas clave para que el chofer no se aburra al volante.
Bendita sea la paciencia de estas criaturas…los choferes.


Cada vez que me muevo en autobús, me ponen malo,
a veces incluso, hacen cola para comer la oreja a ese desgraciado
que agarrado al volante no tiene escapatoria digna.
Son como gordos parásitos con toda la vida por delante.


Yo no tendría tanta paciencia,
me conocerían como el estúpido,
el estirado, o simplemente como el hijoputa de siempre.
Pero a mí, no se me acercaba ni uno solo de estos bichos a la oreja.
Bastante suplicio es trabajar para vivir
como para dejarse martirizar
antes de llegar al cómodo purgatorio.


Voy a tener que plantearme andar más,
estoy cogiendo mucho asco a esos capullos/as que cortan el paso
a la entrada del autobús por evitar dejar su sitio junto al chofer.
Hay que esquivarlos y te miran con desconfianza, nerviosos y sudando.
Sí, mucho, mucho asco.