sábado, 13 de agosto de 2016

Oro en mi recuerdo.



Guardaré como oro
en paño tu memoria
hasta ese día en el que yo
también muera.
Tanto hemos dicho
y tanto nos quedó por decir,
que más que pena rabia
dejas en mí.


Contados con los dedos
mis amigos restan mucho,
cuando la vida ha decidido
rendirte la carne.
¡Pero ve tranquilo!
que tu alma hecha recuerdo
queda en esta tierra
tan amada nuestra.


Con lo bueno y lo malo
porque aun cuando no lo crean,
has sido humano.
Sabes cuánta fue
y es la admiración,
que aparte de amistad,
te he procesado sin verme
obligado más que a ser tal cual.


Con aquellos infinitos
personajes del siglo de oro
a los que hoy conocerás,
te imagino abrazado
para en largas charlas, soñar,
como en esta vida que se te arranca
hicimos mil tardes
con su mañana,
de la cafetería al bar.


¡Y me cago en la puta,
en la virgen y todo lo demás!
Cuando a mi amigo
de ratos y tertulia
la parca viene a llevar,
dejando vacío un tanto
que hago mío
e infinito que dejo al resto,
sin la cortesía de preguntar.


¡Algún día señor mío!
algún día nos volveremos
a encontrar,
aunque tenga que emerger
del infierno al paraíso
en contra de la muerte
que me hunda en su más allá,
para hacernos ese café
que dejaste enfriar.


Allá donde andes
compañero mío,
allá donde estés,
¡juro por mi tierra!
que nos volveremos a ver.
Pues hay pendiente
un abrazo y cien
risas encerradas,
que prometo,
hasta llegar a ti,
dejar guardadas.



…y lo prometido, como lo jurado, es para mí deuda.


Dedicado a Manuel Vicente Segarra Berenguer. Amigo, escritor, director de teatro, periodista... pero sobre todo, amigo.