jueves, 18 de agosto de 2016

Personas especiales.

En la vida, en muy contadas ocasiones, nos encontramos con personas muy especiales, solo es cuestión de no cerrarse más que a la clara idiotez, venga de donde venga y tome la forma que tome, para tener la fortuna de dar con ellas.

Yo, aparte de esas personas especiales que me acompañan desde mi inmadurez, y gracias a mi afición a la cultura en general, he tenido la fortuna de encontrarme con muchas otras a las que guardo en muchísima estima, la pena, es que en muchas ocasiones las conocemos cuando casi ya se iban, por lo normal, de manera injusta. Y digo pena, porque asi lo siento muy muy dentro, al carecer de ese tan valioso tiempo para que los ratos en su compañía, aunque siempre sabrán a poco, dejarán un recuerdo más firme, ya que de todos es sabido que estos, con la memoria del tiempo, se van difuminando. 

Esta semana he tenido la desgracia, pero también el placer, de despedir a una de esas grandes personas, y digo lo de placer, por la oportunidad que tuve de poderle conocer y, los muchos ratos pasados con él, tratando temas tan dispares como la forja de las espadas en la antigüedad, las mil batallas en las que los españoles nos comimos al enemigo, el buen culito de tantísimas señoras y señoritas o, lo bien que suenan ciertos versos. Me refiero a Manuel Vicente Segarra Berenguer. Aparte de amigo, genial tipo, periodista, novelista, guionista, actor ocasional, director de teatro, magnífico tertuliano y toda una memoria con dos patitas entre a pollito y legionario. 


Aun cuando no lo parecía, era un gran seductor, es lo que tiene tener talento y un piquito de oro, y este seductor, muy amigo de sus amigos y admirador de su familia, traviesito y porque no, romanticón y emotivo. Escribió varias obras , para mi, hasta alguna maestra. "Acero del rey", "Cruces de seda", "La reina imposible", ¡Amor!, ¿los cojones amor?", "Jinetes al amanecer" o "La princesa de las sandalias".




Querido Manolo, al final no me has podido presentar como querías "Héroes de Nayaf" y por eso, no lo pienso presentar jamás, era o tú, o nadie, así pues....







No me quiero enrollar, como tú dirías, no me sale de la gana. La amistad que teníamos es ahora solo mia, llamame allá donde andes egoísta jejejeje pero es lo que hay, y si no, no haberte ido pedazo de cabrón.





Pese lo que la peña pueda pensar, no soy aquí yo el grande, si no el pequeñito, el muy, muy pequeñito. 





Hasta siempre Manolo, y por favor, cuando te hagas a aquello, vete buscando un buen sitio para que conforme vayamos llegando, podamos hacernos esos cafelitos, tú con  un vasito de agua, y yo por lo menos, con un cubito de hielo, mientras nos ponemos al dia sobre como anda por aqui la peña, si van presentando cosillas, si la feria sigue en danza o si por fin a la clase política le ha entrado el conocimiento. 

¡Ah! un saludo para el Sr. Lope de Vega y otro para D. Calderón de la Barca.







En un día, este,
que despierta azotando con sol, viento,
y un amargor que se hace cuerpo.
Mi sudor es hielo sin la esperanza que se arma de fuego.
Las letras, andan de luto riguroso,
su voz viste de recuerdo.
Como el café de sabor intenso, el olor a tabaco negro
y, sus historias de cotidiano sustento.
Aquí D. Manuel,
aquí, me despido de usted, cabreado por su osadía
al dejar cojo el corrillo en torno la mesita
donde jamás será ya la tertulia,
ese grato ratito de limadas risas y sabios consejos,
que solo el tiempo hizo buenos en este,
mi dolorido cuerpo.


Descanse en paz, mi buen amigo.