miércoles, 23 de noviembre de 2016

Menuda broma de mierda.




He salido del oculista convencido que soy adoptado, que no soy el que siempre pensé ser. Resulta que la miopía y el astigmatismo son hereditarios, pero mamá, papá y la abuela tienen hasta la fecha una vista agudísima, en cambio yo, media dioptría en uno y entera en el otro. ¡Qué desgracia más gorda la mía! ¿Quiénes serán mis padres en verdad? a lo mejor resulta que vengo de una familia de artistas callejeros y he pensado siempre que lo más interesante que han hecho mis antepasados ha sido enseñarse a nadar en una acequia de regar.

Logre desconcertar de tan desagradable asunto (el de la adopción), tras hablar con mi amiga Rafi y exponerme esta la idea de gastar una broma a la Gertru. –¿Creamos en facebook un evento falso, la invitamos, y a ver si se presenta?
-Que mala eres jodia- le dije, y es que la Rafi tiene más peligro que un mechero en un polvorín.
-Ya, lo sé, pero qué me dices, ¿lo hacemos?
-Vamos a ello. ¿Qué has pensado?- pregunté muy intrigado.
-Noche temática en la cafetería del tanatorio viejo, tema. “A la muerte de todo menos luto y tristeza” avisamos que hay que presentarse disfrazados de pistolero o cabaretera, hablamos con la peña, que todos confirmen asistencia pero ni se asomen por allí, y tú y yo lo grabamos para luego compartirlo por las redes y partirnos la caja.
-¿Y si no aparece?
-Habremos perdido una noche, pero ¿qué es una noche en la eternidad?

Su convincente argumentación alejó toda duda y esa misma tarde ya pululaban por facebook las invitaciones al ficticio evento. A la hora de colgarla y previo aviso al resto de colegas, habían confirmados al evento setenta y tres personas, media hora después, la Gertru era una más en la cuadrilla que se suponían asistirán a la fiesta. Por whatsapp la Gertru me preguntó. –En el tanatorio, ¿habéis hablado primero con ellos del tema no fuera a ser que se molesten?

-Por supuesto mujer, como se iba a organizar algo así sin  previa autorización- estaba respondiendo y los ojos me lloraban de las risotadas que soltaba. Luego, también por whatsapp (que la pela es la pela) avise a Rafi. -¿Ha picado?-, dos caras muy sonrientes fue la confirmación de que Rafi se daba por enterada.

La noche de autos, ósea, la de la broma, Rafi y este menda, con un frío espantoso, aguardamos con una camarita en mano la posible llegada de la Gertru camuflados en la terraza exterior que tenía la cafetería del tanatorio viejo. Con poco más de un cuarto de hora sobre la acordada, yo y la otra ya teníamos los moquitos como estalactitas por el dichoso frío, apareció su coche en el aparcamiento que llevaba a la entrada principal. Conociéndola y sabiendo de su maniática puntualidad, ese retraso era sin duda adrede, mera y pura inseguridad, y quién podría culparla, eso de presentarse disfraza, en su caso de cabaretera rojo pasión, en el tanatorio sin ir acompañada… jodio, jodio.

Pese llegar algo tarde, dudó, y nosotros nos cagamos cien veces en su madre. Se quedó en el interior del coche un buen rato, desde nuestra ubicación no la veíamos bien, pero notamos cómo giraba el pescuezo cada vez que veía o escuchaba que alguien se movía por fuera. Hubo un momento donde pensamos que la perdíamos, que se marcharía sin poner la patita fuera de su coche, entonces me llegó un whatsapp de ella. -¿Dónde estáis?
Con los dedos entumecidos y con gran esfuerzo le respondí. -En la cafetería del tanatorio viejo, arriba, ya estamos casi todos ¿Dónde andas tú?
-Ok, ya llego.
-Prepara la cámara que por fin sale- dije a Rafi cuando leí la respuesta de la otra.

Un impuntual accidente ocurrido horas antes en el circo ambulante que llevaba una semana llenando los lavaparabrisas de los coches con publicidad, precisamente aquella noche en la que pusieron la entrada al 60% para todos los que fueran disfrazados por aquello de halloween, mandó todos nuestros planes al traste.

El fallecimiento del trapecista al partirse el cuello en un aparatoso picado que no logró frenar una más que remendada red. Dejó desconsoladas a la mujer y a la amante (trapecista y taquillera del mismo circo), y a los seis hijos que entre ambas sumaban. Y también llenó el tanatorio de zombis, vampiros, payasos, vedettes, policías enanos y enfermeras zancudas. Y entre todos ellos, llegados casi a la par, la Gertru con una enorme sonrisa. ¡Puta suerte la suya!

Para seguir sumando una casualidad que más bien parecía una putada echa a la medida, Hank, el trapecista de los cojones, era de esos cachondos que había dejado por escrito que el día que la palmara, no quería lágrimas, si no alegría y tequila. El tío que explotaba la cafetería estaba que no cagaba, le faltaban manos para servir y eso que llamo a la mujer y la cuñada para que le ayudarán.

El ambiente distendido y festero, hizo subir a quejarse a amigos y familiares que velaban a otros difuntos, pero todo el que subía a la cafetería, ya no bajaba, la priva era por cuenta de la viuda, y hay que ver que buenos y prietitos estaban todos los currantes del circo, hasta los payasos engañaban cosa mala, sus amplias ropas y feo maquillaje no hacían justicia a los cuerpazos que se gastaban, y allí, en la cafetería, la pena era menos pena.

-¿Y ahora qué hacemos?- pregunté helado de frío.
-Si entramos y nos ve la Gertru sin disfrazar se va a dar cuenta y la que se va a partir de risa va a ser ella de nosotros.
-Sí, eso lo tengo claro, pero es que me meo- dije con el baile del tal Sambito.
-¿Qué crees que hacía yo agachada junto la jardinera aquella?- dijo Rafi señalando hacia una esquina.

La Gertru se lo pasó de cine, tonteo bastante con una momia y terminó ligando con una especie de hombre lobo despeluchado. Cerca de las cuatro de la madrugada fue cuando por fin se marchó y pudimos dejar aquel puto y asqueroso balcón, o terraza, que cada cual le llame como le salga de la gana. Todavía noto el frío mordiéndome los huesos, dos horas y pico me costó entrar en calor y poder estirarme, lo dicho, una noche de mierda como espero no tener jamás otra.


Al primero que me diga de gastar una broma o me mencione el tanatorio sin haber de por medio un fiambre conocido o con claro compromiso grrr… le muerdo.