viernes, 3 de marzo de 2017

Cantos de sirena.




Tanto se ha gritado que viene el lobo,
que con este ya desgarrandonos,
nuestra sangre de roja pasó a ser negra,
y de húmeda a seca. Y vida,
de aceptable, a cruda miseria.
Sin que nos parpadeara un ojo o nuestra voz se alzara,
hacia esos acantilados de roca donde con furia,
mi mar sigue golpeando, tratando de despertarnos,
avisando, que no todo es verdad y lo que ahí,
es demasiado charlatán.

Cuando ya no sé si pienso por mi o por todos los demás,
he intentado sentarme y llorar.
Secos, como aquella sangre negra,
mis ojos no se humedecieron,
ni en otoño, ni en primavera,
ni a pies de esas calaveras que tanto quise y por días se alejan.
Por un momento pensé que no era hombre,
ni persona, ni animal siquiera.
Allí, sentado con los ojos abiertos sin pena.

Y maldigo desde el interior de mis tripas
porque prefiero la ira a la tristeza,
a quienes callamos cuan borregos frente la cuchilla.
Perdimos la oportunidad de ser humanos al dejar de pensar,
con ese cerebro armado y aquella alma sin piedad.
Aquí me veo, que no se si soy o no,
esa persona que un día hubo llena de ilusión.

Tanto se ha gritado que viene el lobo,
que el lobo, mientras le acariciamos,
nos comió hasta el corazón.
Disfrazado en lo que todos quieren se oculta la prisión,
de ese extremo viejo y podrido por el odio de su rencor.
De persona a marioneta y de clamor a voz,
las calles se llenan de pasado, nunca de perdón.



-Me moriré con la pena de no dejar un mundo mejor a quienes sabiéndose persona nunca ven en su interior. Cuán de fácil es la vida desde el poco respeto y el mucho amor, que toda persona lleva desde crío y algunos perdieron con la intención de ser Dios. Es verdad que la mentira tiene muy cortas sus patas, pero también es verdad que es más cómodo creer una versión, que escarbar en la tierra y sentir como la brisa otra voz. Tiene las patas cortas pero llega hasta la razón, minando de guerra la coherencia y de miedo el corazón-