viernes, 14 de julio de 2017

Por si algún día.



Si hay olvido, es porque hubo algo, de eso, se mucho, 
porque pese ser  parco y hasta estúpido, he querido y quiero tanto, 
que ni los mares, ni la tierra, ni todas las abuelas juntas,
podrían entender si no se fuerzan en soñar 
como lo hicieran aquella vez, donde por fin, lograron volar.

En mis manos, a veces de carne otras de fresco barro, 
he notado el tiempo, la muerte y la vida. 
Y las noté tanto y tan bien, como he notado sus caricias, 
su piel, sus besos y mi próspera desidia.

Mil veces el olvido al vacio, mil veces el recuerdo al aullido,
mil veces tu vida a mi muerte, y mil, 
esa oscuridad que no me aleja de esa luz aún por parir, 
que dicen da calidez, pero no me huele a tí. 

Una historia de amor por escribir, un manantial donde beber y gritar, una voz que por siempre se hará de escuchar, 
sobre toda distancia, guerra y paz. 
Para que él, mi olvido, jamás sea un mal a ojos de la voluntad,
a la que me entrego derramado en papel, por si algún día,
alguien, nos vuelve a comprender. 

miércoles, 12 de julio de 2017

Letrillas.



Siempre habrá rincones en calma 
donde podamos llorar sin temer nada, 
para que los ojos resplandezcan de aquello que no gozan. 
Siempre habrá rincones, donde seguir gritando a la noche, 
y a la nada, y a esas palabras que amargan 
guardadas en lo hondo del alma.

martes, 11 de julio de 2017

fragmento...




Hermosa e integra,
ante mi,
de nuevo te presentas.
Fantasmagórica e inmensa
cruzas carne y recuerdo,
entrañas y sangre
de ese reflejo
que un día,
desgarro mi pecho.



viernes, 7 de julio de 2017

Vestida de alturas.





Se atascan las palabras
en la estrecha punta de un bolígrafo.
Empujan y empujan,
confundiendo con su rabia
una realidad difunta.
El dolor se hace ira… y sangra,
desde los ojos se abalanza
cruzando desiertos de piel y escama,
hasta dar con aquel abismo desnudo de ingrata distancia.



…maldecida por la viuda ira,
gritó su rostro de momentos y añejo gozo mientras caía.



En el escalofrío de la oportunidad.
Sobre el vértice de su pendiente,
brinco a ese negro espacio que se le abría debajo.
Con las manos extendidas, cerrados los ojos,
un seco grito busco aquella segura muerte,
… esa, que siempre se espera quede.
Arrasando su cuerpo de pasados sin presente,
como otra más de esas historias vulgares y corrientes,
otra, donde muere la inocente.



-La violencia de género es una de las más despreciables y deleznables lacras de nuestro tiempo, y también, terrible ejemplo de la más vulgar cobardía-






miércoles, 5 de julio de 2017

Sin matar.




Quienes esputan su verdad contra ese suelo blanco
y complaciente al que el miedo rinde
y, sobre el que el borrego se regodea.
Deberían verse con la soga al cuello y en sus manos nada,
para que, sintieran que verdades son tantas como vidas y cómo caras.

Toda razón es única y toda razón es malvada,
si con ella va la fuerza y con esta la protagonista ignorancia,
que nos hacen más que persona alimaña de dos patas.
Y de la sangre, agua que constante se derrama.

Quienes gritan, chillan o, llámalo como quieras,
contra aquellos otros que ya no se atreven de decir nada,
deberían padecer el tormento perpetuo de la pena,
en lugar del cómodo infierno al que van a parar los afortunados de la careta.

Y allí, rendidos pese no tener sus manos en alto,
allí donde se agolpan cuan ganado triste y mamarracho,
el pueblo conocedor de su victoria, debería sentir por fin el latir de la libertad,
qué, lejos aún de su verdad, se nos vende como paradigma de la vieja política.

Y allí, aquel pueblo rendido por el pesimismo,
al igual un día abre sus ojos y da dos hostias bien das,
al marrano que siga esputando su única verdad, 
como salvación para todos, los que estuvieron y están, 
como si las culpas fueran otras y los inocentes sin moral,
nacieran para morir. ¡Ojo! sin matar.